Introducción desfasada
A continuación
presento un artículo escrito por mi persona el día 2 de abril del 2012. Iba a
ser publicado en el diario Resistencia, de circulación universitaria. Sin
embargo, no he podido saber, desde aquel entonces, si efectivamente fue
publicado. En cualquier caso, se colocará la cita si ya existe la publicación
de este texto. Háganmelo saber por favor.
En este escrito
se explica la situación europea muy brevemente. Aquí afirmó algunas cuestiones
sobre Grecia y su unión de partidos de izquierda, Syriza, pero que no tiene que
ver con otra agrupación política como el KKE, que acusa a la primera de ser
cercanos a posiciones de la segunda internacional. El líder de Syriza, Alexis
Tsipras, casi llega al poder en las últimas elecciones. Su agrupación pertenece
al PIE, la izquierda europea.
No obstante el
desfase temporal, este texto puede ser importante en el momento actual cuando
ha renunciado personal de alta confianza en el FMI y la crisis sigue profundizándose.
¿Paradojas o regularidades en
el capitalismo? Crisis económica y sociocultural en la Unión Europea
La Unión
Europea (UE) vive actualmente en crisis económica y en general, podría
considerarse, una crisis sociocultural. Qué aspectos son necesarios conocer en
este proceso.
En primer
lugar, el papel jerárquico de su organización de estados. ¿Quiénes dirigen la
UE? La llamada troika, conformada por
el Banco Central Europeo, el FMI y la Comisión Europea, esta última comandada
por Alemania, país que posee la mejor calificación financiera dentro de la
Unión. Con este poder, Alemania somete a
los países débiles de la UE, como Portugal, Irlanda, Italia, Grecia, España (llamados
despectivamente PIIGS, por sus siglas en inglés), a que cumplan medidas de
austeridad, consistentes en recortar el salario a los trabajadores, aumentar el
horario laboral de los mismos, privatizar el aparato estatal, recortar el
presupuesto público, abaratar el despido, por citar lo más resaltante. Todas estas
medidas que la troika impone, lo hace
afirmando que los otros países descuidaron su presupuesto público, gastando
desmedidamente sus fondos. Sin embargo, fuera de la eurozona, las respuestas a
la crisis pueden diferir de las recetas del FMI.
En Islandia
(2001), donde se vivió una crisis financiera similar, la respuesta no fue: “¡neoliberalicemos nuestra economía!”, al
contrario, dejaron que la banca quiebre para luego estatizarla y llevaron a
juicio al primer ministro de aquella época, Geir Haarde, por mal manejar la
economía. Puesto que en Islandia no usan al euro como moneda, la suya propia,
la corona islandesa, se depreció, y los hizo, en términos comerciales, más
competitivos. Tras esto, ahora el PBI islandés se escribe con azul. La
competitividad por no manejar la misma moneda ha permitido el despegue productivo
de Polonia también. Reino Unido tampoco maneja el euro, e incluso no ha firmado
–junto a la República Checa- el Tratado o acuerdo intergubernamental conocido
como “freno a la deuda”, donde los estados miembros de la UE ceden su soberanía
fiscal a la troika, para que no
incurran en gasto público excesivo. Sabido es que el Reino Unido nunca se
dejará subordinar.
Mientras, en
su debilidad, Irlanda, al poseer como moneda única el euro, se ve obligada a
practicar los recortes llamados medidas de austeridad, pues su moneda no se
deprecia y no logran vender a precios más bajos. Lo mismo ocurre en todo el
bloque PIIGS. Pero un retiro de estos países de la organización
intergubernamental UE generaría una conmoción en cadena que acabaría con la
profundización de la crisis, pues -por ejemplo- el dracma (moneda griega) al
oficializarse y reemplazar al euro, se depreciaría, de modo que el pueblo se
dirigiría a las fronteras a cambiar sus euros que valen más en otro país, lo
cual obligaría a cerrar las fronteras violentamente. No olvidemos la
combatividad del pueblo griego, que podría poner de vuelta y media la situación
política europea. De mantenerse el violento estado de cosas, sin percibir una
salida para el statu quo económico, la
fascistización de los gobiernos de
Europa occidental se torna una posibilidad. La crisis agudiza la lucha de
clases y con aquella se extreman las propuestas de cambio.
Las recetas de
los keynesianos no son tomadas en cuenta en absoluto. Krugman y compañía son oídos
pero no escuchados. Los intereses de las potencias son más grandes que las
previsiones de los economistas gurúes,
quienes afirman la inevitable caída del euro, o al menos la salida de Grecia de
la UE, de no llevarse a cabo políticas contracíclicas. Una de las razones de
los poderosos para no liquidar a Grecia es la deuda que ha contraído con
Francia (57 mlls. de euros) y Alemania (34 mlls. de euros). Son las mayores deudas
que ha contraído el país griego, de modo que afectaría el sistema financiero de
los líderes, mandando, probablemente, abajo su calificación de “Standard &
Poors”; lo cual es una razón más para que estos no dejen caer a Grecia.
Este periodo
de pérdida de derechos laborales y ciudadanos, carente de soluciones dentro del
sistema, ha modificado la conciencia política del griego. Así, el Pasok -mayor
partido de centroderecha- cuenta ahora con 27,5% de aprobación, mientras la
extrema izquierda conjunta llega al 48%. Aún cuando algunos comunistas griegos dicen
que se mantendrán en la OTAN de llegar al poder, la UE duda de sus afirmaciones
y no permitirá que el anhelo popular revolucionario –intensificado por el
desempleo y la baja calidad de vida- se haga realidad. Para lograr su cometido,
Angela Merkel, Cristine Lagarde (FMI), y
otros neoliberales, intentan llevar a cabo en Grecia la privatización más
grande nunca antes vista. Algunos pobladores europeos recuerdan que la liberalización
económica practicada en Europa del Este no trajo estabilidad al ex -pueblo
soviético, sino todo lo contrario. ¿Qué garantías tienen los euro-occidentales?
La sumisión de
los países débiles a Merkel ha exacerbado el odio entre alemanes y griegos. En
Alemania no desean ni siquiera beber vino griego. Se teme que la conflictividad
entre estas y otras naciones aumente. Un repaso a esta sumisión puede verse en
el plano legal. En el 2003, Francia y Alemania tenían un déficit por gasto
mayor al 3% de su PBI, de tal modo que la comisión europea –dirigida por el ex
-primer ministro italiano Romano Prodi- podía multarlos por ello, pero no lo hizo; así,
las potencias no emprendieron medidas de “austeridad” o algo parecido. Su poder
imperialista los mantuvo fuera del alcance legal. Pero ahora, cuando los pueblos
de otros países piden no ser atropellados, ellos simplemente arremeten. Los
alemanes no recuerdan que tras la primera guerra mundial, los aliados exigieron
un pago de 40% de su PBI. Aquellos se negaron –argüían inviabilidad financiera-
y pagaron solamente la mitad. En estos momentos, Grecia debe casi el 40% de su
PBI pero no le han brindado ninguna concesión. A lo mucho le permiten aplazar
los pagos. La prioridad en el sistema económico europeo es la banca, quiénes no
pueden perder. Aún cuando los estados afirman que la austeridad es para todos,
deberían ser sinceros e indicar que es para todos menos para los bancos a
quienes rescatan y protegen.
El peso de los
acontecimientos recae en los débiles. Mientras sufren y se someten los PIIGS, Alemania presenta la tasa de desempleo más
baja desde su reunificación (6%) y ha aumentado el salario de sus trabajadores
en 26% para dinamizar el mercado. Incluso cuando la BBC de Londres mostró en
cuadros que los griegos trabajan más que los alemanes, concluyó que aquellos
viven en peores condiciones que estos. ¿Paradojas o regularidades en el
capitalismo?
En definitiva,
lo que buscaba ser una asociación de Estados promotora de la integración
económica y social, está deviniendo en una asociación donde se réplica las
leyes imperialistas del capitalismo contemporáneo, que contrariamente a lo
pensado por los derechistas fundadores puede ser la oportunidad esperada por la
izquierda revolucionaria.
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